… (And I Feel Fine) [Tiempo estimado de lectura: 7 minutos.]
Michael Stipe coreaba una y otra vez esa línea allá por 1987. Las computadoras personales comenzaban a ganar terreno en las casas, y aunque seguramente el vocalista del grupo norteamericano R.E.M. no estuviera pensando exactamente en eso, ese estribillo podría ser tan actual hoy como ayer, en 1987, en 1450 o en 1895.
“El fin del mundo como lo conocemos” es algo que hoy se vive constantemente; y es quizá por ese mismo frenesí que pocas veces nos detenemos a pensar en lo que esto significa. Por esto mismo intenté hacer una excepción y analizarlo. No pretendo descubrir ideas con las que nadie antes se haya cruzado, es simplemente una reflexión personal -quizá mal expresada, quizá estúpida- que comparto por este medio.
Mientras meditaba -brevemente- sobre este pensamiento moebiusano, hice un fugaz recorrido sobre los hitos históricos en la evolución de las sociedades del mundo, y ahí me encontré con mi primera revelación: La evolución, generalmente, tiene que ver con el modo en que manejamos la información, la comunicación, y consecuentemente, en cómo nos relacionamos.
Hacia 1041, en China, Bì Shēng “inventaba” la imprenta, el primer paso de lo que sería uno de los primeros grandes cambios en la historia de la humanidad. Tendríamos que esperar cuatro siglos, hasta que en 1450 Johannes Gutenberg emprendiera una verdadera revolución con la creación de los tipos móviles, que permitieron masificar verdadera -y lentamente- la palabra escrita.
1450 años demoró la humanidad en encontrar un medio eficaz con el cual registrar su cultura, su información (al menos de manera extensa, detallada, y sobre todo “masiva”). Cuatro siglos más le tomó a la humanidad dar el siguiente paso: el sonido. Así llegó el teléfono, en 1876 de la mano de Graham Bell, o el fonógrafo, por parte de Thomas Edison tan sólo un año después. Por fin encontrábamos una manera rápida, práctica y eficaz de transmitir información.
Obviamente, en tan plano revisionismo histórico, se descartan otros avances importantísimos como la utilización del telégrafo, los ferrocarriles, el descubrimiento de nuevos continentes, etc. Pero si hacemos el resumen más descarado de la historia de la humanidad, en definitiva terminaríamos con un listado que podría comenzar de la siguiente manera:
Imprenta: Palabra escrita
Teléfono: Comunicación oral
Y así llegamos a 1879, cuando Thomas Edison desarrolla la primera lámpara incandescente funcional. Dándole a “la electricidad”, aquel fenómeno que durante siglos fue estudiado por numerosos personajes históricos, y el que en 1752 despeinó a Franklin con su comenta, el primer uso realmente práctico.
A partir de aquí, casi todos los descubrimientos dignos de ser reconocidos como “el fin del mundo como lo conocemos”, tienen que ver con la electricidad y la transmisión de datos (por medio de cables, como el teléfono); Primero el Cine, luego la Radio, la Televisión.
La electricidad, como dijera Jeff Bezos, resulta así ser una promisoria analogía de Internet.
Repasemos nuevamente entonces nuestra historia resumida al máximo:
Imprenta
Teléfono
Electricidad [ Luz - Cine - Televisión ]
¿Qué fue entonces lo que llegó despues de esta oleada de innovaciones tecnológicas? Grabaciones en cintas magnéticas; primero de audio, luego de video; reproductores hogareños para ese tipo de grabaciones; reproductores portátiles como el Walkman de Sony, en 1979; las computadoras personales hacia mediados de la década de 1980.
Y casi obligatoriamente, debo hacer una nueva pausa en este momento: la computadora personal. Obviamente es uno de los grandes inventos de la humanidad, sin detenernos sólo en “la PC” o “el microprocesador”, o todo lo que no es más que la propia evolución de la “computación”, es decir, el procesamiento de datos.
¿Pero es “la computadora” la gran revolución de nuestro tiempo? ¿Lo que va a generar, visto a la distancia, nuestro mayor cambio cultural a nivel global? ¿Un fenómeno comparable a la Imprenta? ¿Al cine? ¿A la televisión?
En este momento me encuentro en una disyuntiva que me resulta un tanto difícil de exponer correctamente en palabras. Digamos que el teléfono, en definitiva, no es más que una manera de transmitir un “dato” de un lugar a otro. La electricidad dió paso a una infinidad de artefactos capaces también de transmitir otros datos por ondas de todo tipo (cine, radio, tv), así como el entendimiento fundamental de la “energía” dio pie a la portabilidad. Entonces, se podría decir que la computadora es sólo una consecuencia evidente de nuestra evolución tecnológica.
Es decir: Una computadora sin Internet, hoy bien podría ser comparada a un equipo de Televisión sin señal, únicamente trabajando con videos en cintas digitales o analógicas, o un equipo de audio sin radio; ¿sería eso realmente una revolución? Quizá, pero sin duda resultan aún más revolucionarias la señales que le dan vida a esos artefactos. Lo mismo sucede con la PC e Internet.
Llegamos entonces a Internet, al “mundo conectado”, algo que sobrepasa a la misma “PC”. Y aquí llega el quid de la cuestión:
¿Qué lugar ocupa Internet en este plano histórico?
Internet podría ser, en principio, la evolución perfecta de la idea original que dio paso a la imprenta: la conservación de datos, de la palabra, de la historia. La conservación de nuestra comunicación misma, de su manera más primaria. Con la llegada del teléfono, el cine, la radio, la televisión, tuvimos la posibilidad de comunicarnos no sólo con texto, sino con audio y sonido, pudiendo conservar toda esa información en distintos dispositivos de almacenamiento. Internet, por su parte, resulta un conglomerado que logra reunir tanto la conservación de datos como su transmisión, su conservación, su creación, y por supuesto una infinidad de elementos hasta ahora desplazados de los ya mencionados procesos comunicativos tecnológicos; la colaboración, la instantaneidad, la monumentalidad, la globalidad.
Internet es comunicación en su máxima -hasta el momento- expresión. Pero también es un nuevo paradigma; una apertura al futuro, de cuyo nacimiento tenemos el privilegios de ser testigos.
Y para intentar aclarar aún más este último pensamiento, me parece importante destacar que “Internet” no es “sitio”, “portal”, “web 2.0″, “twitter” o “facebook”. Así como la concepción misma de la codificación/decodificación de datos que viajen por medio de electricidad, ondas de radio, o de la manera que sea, abrió las puertas a toda la tecnología con la que hoy contamos (como los teléfonos, televisión, e incluso internet) “Internet” se destaca de todos ellos como algo más; no es simplemente un medio para transmitir datos, es EL medio para conjugar todos. Y simplemente no digo “One ring to rule them all” porque no me gusta el Señor de los Anillos.
Hasta acá, creo que es un pensamiento bastante obvio, al cual seguramente le di un par de vueltas de más. Pero el objetivo de todo esto es llegar al punto de comprender y hacer completamente tangible el concepto de Internet. Y a partir de esto, también entender a Internet como un nuevo modelo de comunicación, un canal que deja abierta la posibilidad a una infinidad de nuevas interacciones a nivel mundial.
En la teoría de la comunicación, comunmente se cita el modelo de Lasswell, posteriormente modificado por Braddock, hasta llegar a un esquema similar al siguiente:
Quién - Dice qué - En qué canal - A quién
Y en el plano de Internet, todo eso podría resumirse a:
Todos - Dicen Todo - En Internet - A Todos
Lo único que podría permanecer intacto en ese esquema, serían los factores de “¿En qué circunstancias?”, “¿Con qué intención?” y “¿Con qué efecto?”. Rompiendo a su vez con la masividad unilateral de cualquier medio masivo de comunicación; en la Televisión, la Radio, los Diarios, o los Libros, era un Alguien que les hablaba a Todos.
Así llegamos a la “democracia“, que como idea inmaculada, pura y ajena a la política, es evidentemente muy atractiva. La revolución que implica Internet traspasa la “democracia literaria” que suponía la imprenta; en definitiva, los libros los escribía alguien en particular, y los leían la población en general. Hoy todos pueden escribir, y todos podemos leer. Hoy cualquiera puede producir videos, sonidos, textos, ideas, y comunicarlos con todo el mundo. Podemos levantar un teléfono y marcar un número, o conectarnos a Internet y unirnos en la conversación más grande que tuvo la historia hasta el día de hoy.
La “conversación“, otro gran término. La conversación es un diálogo, algo opuesto al monólogo; al monólogo que proponía el libro, la televisión, el cine, la radio. La conversación es una interacción entre interlocutores que contribuyen a la construcción de un texto. Internet se propone como una gran cadena de conversación, completamente abierta, una conversación sin cierre, donde todos pueden contribuir en su estructura.
Y siguiendo con el fenómeno de la semiosis ilimitada (gracias Charles Peirce), llegamos a la “construcción“. Generalmente pensamos en la construcción como algo planeado, ya sea con un plano arquitectónico, o con reglas ortográficas para construir una oración. En este caso, la construcción propuesta en Internet es orgánica; como nosotros. Regida en su base, claro, por reglas y planes claramente estipulados, pero con una interrelación hasta el momento inimaginada, llevando el concepto de “hipertexto” (término de la teoría de la comunicación, no de las palabras azules subrayadas) hasta límites insospechados; relacionando contenidos de toda forma y color.
Toda esta reflexión resulta no ser mucho más que una austera revisión de los pensamientos de Marshall McLuhan (filósofo teórico de la comunicación) quien supo describir perfectamente un medio que aún no era contemporáneo a sus ensayos. Y parafraseando su famosa frase “El medio es el mensaje”, podría concluirse que “Internet es el mensaje”, dejando de pensar el “mensaje” como simple información, y asociándolo directamente a su manera de emitirse, modificarse y relacionarse con la actividad humana.
En definitiva, Internet, como hoy la conocemos, no es más que los cimientos de todos los avances -o retrocesos- que tendremos como civilización. Hasta el día de hoy, las novedades que se proponían en torno al cine, la TV, o cualquier tipo de imagen cinemática, quedaban inevitablemente recluidos en ese plano de acción visual; lo mismo sucedía con las innovaciones relacionadas a las grandes invenciones citadas en nuestro austero resumen histórico. Pero no es difícil imaginar que, a partir de hoy y por muchos años o siglos, todas las innovaciones partan de la base que ofrece “la red”; no como una mera plataforma para el florecimiento de “redes sociales”, o como la “web 2.0, 3.0 y 4.0″, sino desde la base que ofrece Internet en tanto conectividad, intercambio, almacenamiento y relaciones entre datos y habitantes de este mundo.
Ya sea visitando planetas distantes, comunicándonos por vía telepática, o viajando por el tiempo con un condensador de flujos, todo recaerá en la idea de la intercomunicación, la red, las relaciones, la globalidad (o universalidad). El futuro, sencillamente, se sustentará en la idea naciente de la que hoy somos testigos: Internet.